Y es que, querido lector, hay algunos plásticos que al verlos, dan ganas de comerlos; y me refiero especialmente a la plastilina y las plastidecor. Sus colores llamativos y su extraño olor forman una combinación explosiva que sirve de almuerzo a niños y ancianos seniles. Pero los fabricantes son muy listos y en vez de evitar que se las lleven a la boca, prefieren hacerlas comestibles... ¿qué será lo próximo? ¿esterilizar la carretera para que no haya infecciones en los accidentes?, o...quizá... un nuevo sabor de natillas ( pruebe las nuevas Danet Plástico, ahora con más aditivos).

*Los estuches que llevaban el color blanco eran piezas exclusivas
Otro tema a tratar son las comidas que en realidad son plástico (véase chucherías); los jamones son un ejemplo muy claro (¿quién no ha quemado uno para ver como ardía?), también los tubos de gelatina roja, o esos ositos tan..tan..tan duros que vienen en bolsitas (¡¡cómo me gustan!!) o esas piruletas rosas rectangulares llamadas lollipop... . La lista no acabaría nunca...
Hay también ciertos objetos plásticos que son usualmente chupados, como por ejemplo las patillas de las gafas, los cordones de nylon de las sudaderas o los tapes de los bolis.
Toda esta algarabía de sabores tiene su apogeo en verano, y os pregunto amigos, ¿por qué no venden turrón, ni ferrero roché en verano? eh? eh? eh? si es más fácil que se derrita un helado que eso... . Así que alzad vuestra voz y luchad por un mundo más justo en el que una persona pueda comer turrón en cualquier época del año.
Un saludo, Frikolico




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